Entre las oscuras aguas que todo lo rodeaban y los rápidos movimientos de aquel hombre-gato Beleg optó por golpear a lo loco aprovechando su velocidad élfica. Era vagamente consciente de los arañazos que estaba empezando a hacer mella en su traje submarino pero no le dio mayor importancia a aquello. Prefería centrarse en dar con el bicho y ponerlo en su sitio… lo que pareción conseguir cuando logró cerrar su mano derecha sobre algo que debía ser ¿la cola?
No lo dudó ni un instante, y concentrado todo el odio acumulado en año y años de ver como la gata de su tía Úrsula le destrozaba los apuntes de la UAN, pego un tirón con todas sus fuerzas y… ¡RAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!
-¡MIAUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!
- Te pillé.
La figura felina quedó aturdida ante semejante ataque por la retaguardia dando tiempo al elfo para sacarlo de la cabina y sujetarlo cerca de la base de la grúa mientras trataba de ver el estado en que estaba Cebadilla.
- ¿Cebadilla?¿Estas bien?
- Snif… pastelitos de semillas… dulces de leche… snif… bombones helados… trufas con mermelada… ¡fresas con nata!… snif… nada de nada.
Aquella letanía de postres llegaba al transmisor de Beleg con la inconfundible voz del enorme humano. Desde luego estaba vivo pero ¿acaso deliraba?
- Cebadilla, maldita sea, ¿dónde te has metido?
- ¿Hmm?¿Ehh?¿Beleg?¿Eres tú?
- Claro que soy yo, pedazo de carne.
- ¡Estás vivo!¡Estoy vivo! -gritó alborozado Cebadilla a través del transmisor- pero… ¿dónde diantres estoy?
- ¿No estás en lo alto de la grúa atrapado por la gran garra? -preguntó Beleg mientras trataba de iluminar aquel lugar con la débil luz de su única linterna.
- No. Cuando el aparato empezó a hacer ruidos metálicos me soltó y me lanzó en alguna dirección, pero no veo nada y no me funciona la linterna. Aunque oigo un extraño ruido a mi alrededor… un ruido regular… constante… y muy numeroso.
- Maldición, voy a buscarte. Dime si ves mi luz.
- Pero no soy un elfo. No veo más allá del mundo primario y sensorial. ¡No podré ver tu luz interior!
- ¡¡¡Cebadilla, subnormal, me refiero a la luz de mi linterna!!!
- ¡Ah, esa! Vale, vale… No veo nada. Está todo negro.
Beleg, desesperado, sin saber hacía donde dirigirse comenzó a vagar por los alrededores de la grúa tratando de iluminar la mayor parte de lo que le rodeaba. Pero había simas, montículos, y mucha oscuridad. Cebadilla podía estar en cualquier sitio, podía haber sido arrastrado por una corriente submarino o haber caído en una grieta de profundidad insondable.
“¡Maldita sea!” pensaba el elfo mientras iba de un lado a otro “¿dónde te has metido, maldito gordo?”. En ese momento una melosa voz retumbó en su sistema de transmisión: “Le informamos que le quedan quince minutos de oxígeno. Que pase un buen día”. Pese a que la inmortalidad le confería a Beleg un habitual estado de ánimo tranquilo y muy poco dado a los excesos sentimentales, no pudo reprimir un escalofrío muy “humano” al ser consciente de que existía el riesgo creciente de que entrase en las Estancias de Mandos por la puerta de “ahogados”, provocando la hilaridad general entre sus allegados y familiares que ya residían en aquel lugar. A fin de cuentas, por ejemplo, su primo Arendir había muerto en el sitio de Gondolin de manera heroica junto a Echtelion. O su cuñado, el fastidioso Falatha, que murió llevando el estandarte de Gil Galad durante la Última Alianz. Seguro que ellos, tan vanidosos y presuntuosos, le estarían fastidiando en las Estancias hasta el fin de los tiempos. Cualquier cosa menos soportar eso.
Movido por una súbita explosión de energía interior, Beleg redobló la búsqueda de Cebadilla consciente de que se le acababa el tiempo…
- ¡Beleg, veo luz! -gritó desde algún lugar el orondo hombretón.
- ¿Ahora mismo, la ves? -el elfo quedó inmóvil apuntando con la linterna hacia lo que parecía una tremenda abertura en el fondo que se hundía, de manera bastante pronunciada, hacia el interior del mundo.
- ¡Sí, sí! La veo, la veo. Debes estar a unos… hmmm… ¿treinta metros? Y la veo algo por encima de mi… como si estuvieses asomado a un balcón y yo varios pisos por debajo… Y ese ruido que me rodea, parece haber aumentado al sentir la luz.
- Me lo temía… – Beleg se aproximó a la sima y trató de localizar a su compañero. En ese momento descubrió que, efectivamente, Cebadilla estaba allí abajo. Pero no estaba solo. – Cebadilla… creo que ya se que produce ese ruido…
- ¿Una corriente de agua?
- No.
- ¿Unas algas al moverse?
- No.
- ¿Un banco de peces de colores?
- Tampoco.
- Entonces, ¿qué?
- Gatos…
- ¿Gatos?
- Miles de gatos agitando sus patitas al unísono.
- ¿Cómo dices?
- Y están justo detrás de tí, por toda la sima…
Cebadilla, se incorporó pesadamente y, a la luz de la linterna que Beleg sostenía varios metros por encima suyo se dio la vuelta y soltó un grito que podría ser transcrito como ¡Lamadredelmumakilquematóamiprimalasorda!
- ¡Beleg, sácame de aquí!¡Socorro!…coff… vaya… coff, coff… me cuesta respirar… coff.
- Nos estamos quedando sin aire -el elfo apoyó la linterna sobre una roca y trató de extraer de uno de los bolsillos de su traje una de las finas y resistentes cuerdas de emergencia, con la esperanza de que alcanzasen hasta el lugar donde Cebadilla se agitaba nervioso y algo asfixiado.
Pero en ese momento sucedieron muchas cosas a la vez. La linterna parpadeó y se apagó, sin baterías. Un rumor provocado por ruidos metálicos, como de decenas de grúas, irrumpieron en el murmullo del fondo marino acercándose hacia ellos. El elfo comenzó a marearse debido a la falta de oxígeno. Cebadilla cayó sobre sus rodillas incapaz de dar un paso más hacia la salvación.
Y la reinante y creciente oscuridad, preludio de un final sin gloria, se hizo presente como la espesa tinta negra de un kraken gigante.

Escrito por astarco 







Para mucha gente que desconoce el proceloso mundo de los submarinos de alta tecnología y bajas prestaciones, es díficil comprender porque siempre es rentable para la sociedad invertir en investigación. En las cosas de la mar no suele haber grandes resultados, ni espectaculares hallazgos. Ya no hay tesoros en el Belegaer, ni tampoco oscuras criaturas que descubrir. Todo eso ha quedado reducido a las obritas de ficción que leen los niños de aquí y allá. La Razón ha desplazado a la Imaginación.