El minisubmarino de exploración Alqua Silmaril Uno (conocido popularmente como el Alqua o la patata propulsada) se alejaba poco a poco de la gran mole grisácea y un tanto ominosa que era el NúmenorQuest. La turbieza de las aguas se había ido acentuando a medida que se acercaban al punto dónde esperaban encontrar el foco de contaminación submarina. Cuando los sensores del NQ comenzaron a indicar que era demasiado aventurado seguir adelante a riesgo de sufrir algún accidente, el Capitán Amandil decidió que era el momento de que los riesgos fuesen asumidos por el Alqua.
Y por eso, en ese preciso instante, Feadûr, Cebadilla y Beleg se encontraban a medio camino del punto de contacto con la mancha o Lad Helë, como ya le llamaban algunos: el Valle Negro.
- Por favor, Beleg, repíteme para qué estamos aquí -dijo por enésima vez la figura [redonda] enfundada en un traje de submarinista que respondía al nombre de Cebadilla -¿no se supone que el NQ es un submarino científico preparado para horadar y desentrañar los misterios que oculta el Belegaer?
- Pues eso mismo, Cebadilla -repitió también por enésima vez el Jefe de Buceo Beleg- vamos a desentrañar un misterio submarino.
- Pero no un misterio mítico o histórico. Ni siquiera cosmogónico. Y mucho menos mitológico… ¡vamos en pos de una mancha de restos de mumakil! -se quejó el técnico marisquero.
- Tanto da el grado de profundidad intelectual que le quieras dar a la misión, Cebadilla -expuso Beleg-, la cuestión es que estamos aquí para descubrir quien o qué está contaminando el mar y punto.
- No lo entiendo- interrumpió súbitamente el estudiante Feadûr.
-¿Qué no entiendes tu ahora?¿La problemática ecológica en que estamos envueltos?¿O quizá el conflicto mitológico que se plantea Cebadilla como parte de la existencia del NQ? -dijo con cierta sorna el Jefe de Buceo.
- No, que digo que no entiendo todos estos bips, estas luces y estas señales rojas que han aparecido de repente en medio de la pantalla -respondió Feadûr al tiempo que se encogía de hombros.
Beleg clavó su intensa mirada azul en la citada pantalla y, efectivamente, en clarísimos caracteres tengwar podía leerse “¡Alerta, peligro, enemigos!”. La típica señal de aviso con estilo hobbit, inconfundible señal de que el NúmenorQuest estaba siendo colonizado por medianos hasta en sus más íntimas formulaciones técnicas.
-¿Qué diantres pasa ahora? -preguntaron al unísono Beleg y Cebadilla mientras comenzaron a manipular algunos botones aquí y allá.
- El indice de contaminación del agua se está elevando de manera exponencial -dijo de repente la metálica voz de Eöl9000-, y la visibilidad “normal” se está viendo seriamente afectada, por lo que aumenta el riesgo de colisión. Sugiero pasar a visión por infrarrojos y utilizar el sonar de proximidad.
- Eso nos dejará completamente en tus manos, Eöl -dijo Beleg.
- Lo sé. -replicó el supercomputador- Te aseguro que lo se…
- ¡Pues con eso me basta! -dijo Cebadilla, y en menos tiempo de lo que Gollum tarda en decir “Mi Tessssoroooo“, el ágil hombretón procedió a desconectar los controles autónomos del ordenador por el efectivo método de tropezarse, caer sobre el cuadro de mandos, apretar con el culo todos los botones posibles, derribar a Feadûr y terminar panza arriba agitando brazos y piernas como una tortuga patosa.
-¡Ffferfffecto! -exclamó una vocecilla aplastada en el fondo del minisbumarino y bajo ciento veinte kilos de marinero- ¡Fafora todof lof fiftemaf eftán en eftado manualf!
- Lo que significa que estamos navegando… -un sonoro ¡CLONG! y una agitación salvaje del Alqua interrumpieron drasticamente a Beleg por unos instantes-… al tún tún. Y al parecer hemos chocado con algo.
- Pues.. habrá.. que.. salir.. fuera… -resopló Cebadilla mientras lograba incorporarse gracias a la ayuda que Feadûr le proporcionaba desde debajo de su inmenso cuerpo.
El Jefe de Buceo pareció calibrar la posibilidades que se abrían ante ellos. Si se quedaban sin más en el Alqua poco podrían hacer salvo esperar que se agotase el oxígeno, ya que sin la ayuda del ordenador de abordo (desconectado y aplastado era poco probable que estuviese en condiciones de cooperar) no se podía salir de aquél ponzoñoso lugar. Pero si optaban por salir fuera, dependerían en exclusiva de su habilidad y eso era algo de lo que no andaban muy sobrados. Beleg hubiese seguido pensando y maquinando un buen rato de no ser porque empezó a notar un extraño frío que le subía por los pies hacia las rodillas. Cuando abrió los ojos y miró hacia abajo el oscuro agua ya le llegaba a la cintura.
-¡Hay que salir de aquí! -ordenó mientras buscaba a sus dos compañeros, que al parecer se habían adelantado a su orden y ya estaban saliendo por la escotilla hacia el exterior- ¡Seréis mastuerzos!
A los pocos segundos los tres estaban fuera del minisubmarino, sujetándose de un modo u otro a algunos de los agarraderos de que disponía el Alqua y tratando de ver algo entre las corrientes marinas y la negrura que parecía espesarse por momentos. Por el transmisor del casco Feadûr decía:
- Con lo que hemos chocado está por aquí debajo… y la corriente más fuerte parece venir de allí… estoy intentando llegar sin soltarme del Alqua… ¡no veo nada!… un momento… creo que toco algo… como un tubo… es metálico… y de su interior sale un buen chorro de algo oscuro… ¡puagh!… es mierda…
- Pues entonces sea lo que sea, viene de ahí -respondió Cebadilla- Quizá, si seguimos el tubo hasta su origen sepamos que está pasando por aquí… y siempre podemos volver al Alqua usando el tubo como guía.
- Esta bien. -atajó Beleg- Pero vayamos con cuidado. Sólo tenemos aire para cuatro horas, y no sabemos dónde puede terminar todo esto.
De ese modo, envueltos en una oscuridad pastosa, escurridiza y pegajosa, los tres marineros, enfundados en sus trajes especiales y con más agallas que sesera, se adentraron en la creciente mancha de polución usando aquel tubo como su única guía.

Escrito por astarco 
Escrito por astarco 
Escrito por astarco 

Para mucha gente que desconoce el proceloso mundo de los submarinos de alta tecnología y bajas prestaciones, es díficil comprender porque siempre es rentable para la sociedad invertir en investigación. En las cosas de la mar no suele haber grandes resultados, ni espectaculares hallazgos. Ya no hay tesoros en el Belegaer, ni tampoco oscuras criaturas que descubrir. Todo eso ha quedado reducido a las obritas de ficción que leen los niños de aquí y allá. La Razón ha desplazado a la Imaginación.


