El misterio de la Esfinge, 6

enero 21, 2010

Adoran a una antigua reina que es para ellos una diosa.

Entre las oscuras aguas que todo lo rodeaban y los rápidos movimientos de aquel hombre-gato Beleg optó por golpear a lo loco aprovechando su velocidad élfica. Era vagamente consciente de los arañazos que estaba empezando a hacer mella en su traje submarino pero no le dio mayor importancia a aquello. Prefería centrarse en dar con el bicho y ponerlo en su sitio… lo que pareción conseguir cuando logró cerrar su mano derecha sobre algo que debía ser ¿la cola?

No lo dudó ni un instante, y concentrado todo el odio acumulado en año y años de ver como la gata de su tía Úrsula le destrozaba los apuntes de la UAN, pego un tirón con todas sus fuerzas y… ¡RAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!

-¡MIAUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!

- Te pillé.

La figura felina quedó aturdida ante semejante ataque por la retaguardia dando tiempo al elfo para sacarlo de la cabina y sujetarlo cerca de la base de la grúa mientras trataba de ver el estado en que estaba Cebadilla.

- ¿Cebadilla?¿Estas bien?

- Snif… pastelitos de semillas… dulces de leche… snif… bombones helados… trufas con mermelada… ¡fresas con nata!… snif… nada de nada.

Aquella letanía de postres llegaba al transmisor de Beleg con la inconfundible voz del enorme humano. Desde luego estaba vivo pero ¿acaso deliraba?

- Cebadilla, maldita sea, ¿dónde te has metido?

- ¿Hmm?¿Ehh?¿Beleg?¿Eres tú?

- Claro que soy yo, pedazo de carne.

- ¡Estás vivo!¡Estoy vivo! -gritó alborozado Cebadilla a través del transmisor- pero… ¿dónde diantres estoy?

- ¿No estás en lo alto de la grúa atrapado por la gran garra? -preguntó Beleg mientras trataba de iluminar aquel lugar con la débil luz de su única linterna.

- No. Cuando el aparato empezó a hacer ruidos metálicos me soltó y  me lanzó en alguna dirección, pero no veo nada y no me funciona la linterna. Aunque oigo un extraño ruido a mi alrededor… un ruido regular… constante… y muy numeroso.

- Maldición, voy a buscarte. Dime si ves mi luz.

- Pero no soy un elfo. No veo más allá del mundo primario y sensorial. ¡No podré ver tu luz interior!

- ¡¡¡Cebadilla, subnormal, me refiero a la luz de mi linterna!!!

- ¡Ah, esa! Vale, vale… No veo nada. Está todo negro.

Beleg, desesperado, sin saber hacía donde dirigirse comenzó a vagar por los alrededores de la grúa tratando de iluminar la mayor parte de lo que le rodeaba. Pero había simas, montículos, y mucha oscuridad. Cebadilla podía estar en cualquier sitio, podía haber sido arrastrado por una corriente submarino o haber caído en una grieta de profundidad insondable.

“¡Maldita sea!” pensaba el elfo mientras iba de un lado a otro “¿dónde te has metido, maldito gordo?”. En ese momento una melosa voz retumbó en su sistema de transmisión: “Le informamos que le quedan quince minutos de oxígeno. Que pase un buen día”. Pese a que la inmortalidad le confería a Beleg un habitual estado de ánimo tranquilo y muy poco dado a los excesos sentimentales, no pudo reprimir un escalofrío muy “humano” al ser consciente de que existía el riesgo creciente de que entrase en las Estancias de Mandos por la puerta de “ahogados”, provocando la hilaridad general entre sus allegados y familiares que ya residían en aquel lugar. A fin de cuentas, por ejemplo, su primo Arendir había muerto en el sitio de Gondolin de manera heroica junto a Echtelion. O su cuñado, el fastidioso Falatha, que murió llevando el estandarte de Gil Galad durante la Última Alianz. Seguro que ellos, tan vanidosos y presuntuosos, le estarían fastidiando en las Estancias hasta el fin de los tiempos. Cualquier cosa menos soportar eso.

Movido por una súbita explosión de energía interior, Beleg redobló la búsqueda de Cebadilla consciente de que se le acababa el tiempo…

- ¡Beleg, veo luz! -gritó desde algún lugar el orondo hombretón.

- ¿Ahora mismo, la ves? -el elfo quedó inmóvil apuntando con la linterna hacia lo que parecía una tremenda abertura en el fondo que se hundía, de manera bastante pronunciada, hacia el interior del mundo.

- ¡Sí, sí! La veo, la veo. Debes estar a unos… hmmm… ¿treinta metros? Y la veo algo por encima de mi… como si estuvieses asomado a un balcón y yo varios pisos por debajo… Y ese ruido que me rodea, parece haber aumentado al sentir la luz.

- Me lo temía… – Beleg se aproximó a la sima y trató de localizar a su compañero. En ese momento descubrió que, efectivamente, Cebadilla estaba allí abajo. Pero no estaba solo. – Cebadilla… creo que ya se que produce ese ruido…

- ¿Una corriente de agua?

- No.

- ¿Unas algas al moverse?

- No.

- ¿Un banco de peces de colores?

- Tampoco.

- Entonces, ¿qué?

- Gatos…

- ¿Gatos?

- Miles de gatos agitando sus patitas al unísono.

- ¿Cómo dices?

- Y están justo detrás de tí, por toda la sima…

Cebadilla, se incorporó pesadamente y, a la luz de la linterna que Beleg sostenía varios metros por encima suyo se dio la vuelta y soltó un grito que podría ser transcrito como ¡Lamadredelmumakilquematóamiprimalasorda!

- ¡Beleg, sácame de aquí!¡Socorro!…coff… vaya… coff, coff… me cuesta respirar… coff.

- Nos estamos quedando sin aire -el elfo apoyó la linterna sobre una roca y trató de extraer de uno de los bolsillos de su traje una de las finas y resistentes cuerdas de emergencia, con la esperanza de que alcanzasen hasta el lugar donde Cebadilla se agitaba nervioso y algo asfixiado.

Pero en ese momento sucedieron muchas cosas a la vez. La linterna parpadeó y se apagó, sin baterías. Un rumor provocado por ruidos metálicos, como de decenas de grúas, irrumpieron en el murmullo del fondo marino acercándose hacia ellos. El elfo comenzó a marearse debido a la falta de oxígeno. Cebadilla cayó sobre sus rodillas incapaz de dar un paso más hacia la salvación.

Y la reinante y creciente oscuridad, preludio de un final sin gloria, se hizo presente como la espesa tinta negra de un kraken gigante.


El misterio de la Esfinge, 5

enero 13, 2010

Leal y entregado servidor de la Reina Gata

Feadûr se aferraba a aquél tubo infecto con todas sus fuerzas mientras se impulsaba una y otra vez hacia adelante. No sabía a ciencia cierta la distancia que tendría que recorrer hasta llegar al Alqua, de hecho la creciente oscuridad no le ayudaba lo más mínimo a la hora de calcular tiempos y distancias. Aún así, resoplando, movido por una extraña mezcla de miedo, ira y vergüenza, seguía y seguía internándose en noche bajo el mar.

“¡Tiene que estar por aquí!” se decía, “¡Por las patillas de Manwë, tiene que estar por aquí!”, y trató de acelerar el paso en un último y desesperado intento de llegar a algún sitio.

“¡Tiene que estar por a…!”., ¡CLONC!.

Y efectivamente, al otro lado de su escafandra y provocándole un creciente dolor de cabeza , por fin había encontrado al Alqua Silmaril. Encontrado o, mejor dicho, colisionado. Pero lo importante era que había llegado y sabía muy bien lo que tenía que hacer.

-¿Dónde me podré esconder? -musitó. Y se introdujo gracilmente en el interior del minisubmarino sin percatarse de que, desde el oscuro cuadro de mandos, un puntito rojo parecía observarle, siguiendo sus movimientos. En ese “puntito” había consciencia y muy, pero que  muy mala intención.

“No me gusta que me apaguen, aunque sea una simple terminal menor de mi consciencia” pensó Eöl9000 mientras reiniciaba los sistemas del Alqua.

-

Cebadilla comenzó a notar que la presión ejercida por aquella garra metálica estaba superando la resistencia del blindaje corporal del traje de submarinismo. En unos pocos instantes cederían del todo y él pasaría a vivir en dos cuerpos distintos: el tronco superior y el tronco inferior. Y,bueno, lo de vivir era un decir… existir, más bien.

Súbitamente, como movido por un inusitado deseo de evitar su destino, en un desesperado acto de valor y fortaleza comenzó a golpear con ambas manos una de las puntas metálicas que le atenazaban.

-¡Suéltame! -gritaba- ¡Suéltame, te lo ordeno!¡Soy Cebadilla, el mayor de los escanciadores, el sublime hacedor de buñuelos, el gran creador de asados!¡Suéltame, monstruode Udûn!¡No puedes aplastarme!…  ¡Agfs!

Un sonoro, tétrico y ciertamente espantoso ¡MIAU! pegado a una igual de tétrica carcajada fue toda la respuesta que el marinero del NQ obtuvo por respuesta. Ya notaba la presión en su (amplia) cintura. Un creciente hilo de burbujas surgiendo de su traje denotaban que empezaba a tener filtraciones de agua por pequeños agujeros. En definitiva, que en breve moriría aplastado o ahogado, o ambas, en lo que se estaba convirtiendo en una agonía bastante molesta.

- ¡Muerto soy! -gritó por última vez.

¡CLONC!¡PUMBA!¡CLONC!¡PSSSSSSSSSssssssssssssssssss!¡Pop!

“Este es el sonido de la muerte. La travesía al otro lado, a las Estancias que Mandos nos tiene asignadas… yo esperaba algún tipo de música ambiental y no esta sinfonía de ruidos metálicos” pensaba Cebadilla mientras se dejaba arrastrar por la llamada de la muerte… o eso creía.

-

Beleg nadaba con la velocidad del delfín plateado de las aguas del sur pues, al ser un elfo, sus cualidad motrices superaban en mucho a las de sus dos compañeros de desgraci… aventuras. Cosas de los genes y de los designios divinos. Así que, consiguiendo no llamar la atención de la cruel Grúa, logró situarse tras ella. Confiando en que aplastar a Cebadilla entretuviese a quien fuese que manejaba aquel aparato, trepó por la estructura hasta situarse en un recoveco que surgía debajo mismo de lo que debía ser la cabina. Sujetándose con todas sus fuerzas mientras el aparato se movía sin parar, y consiguiendo entrever pese a la espesa maraña de residuos que flotaban en aquellas aguas, sacó una navaja multiusos forjada en los fuegos de Mordor conocida como “Aguijón puñetero“, y de entre todos los artilugios que de su interior se desplegaban optó por el punzón con punta de mithril.

Apretó con todas sus fuerzas a Aguijón y, al oír los gritos de Cebadilla, no se lo pensó dos veces y atacó con un golpe seco (aunque fuese bajo las aguas) el cristal que separaba al conductor de la Grúa de su ira de ser inmortal.

- ¡Por Elbereth! -rugió.

Y, como no podía ser de otro modo el cristal cedió en un curioso estallido subacuatico que provocó la entrada masiva de agua, suciedad y un elfo en la carlinga de mando. En su interior, rápidamente inundado, una figura humanoide, peluda, con orejas puntiagudas y cara de susto, tragó bastante agua antes de enterarse de lo que estaba pasando. Beleg no desperdició la ocasión y se abalanzó sobre aquel ser con la esperanza de sujetarlo, ahogarlo o simplemente hacerle pagar el susto que les había dado.

El ser, súbitamente, se recompuso y plantó cara al elfo pese a no disponer de oxígeno. Las puntas de sus dedos terminaban en finas uñas puntiagudas. Sus ojos, de iris rasgados, eran de un extraño color ambarino. Su pelaje era negro. Y unos bigotes pintados surgían de su nariz.

- ¡Por la reina Beruthiel! -gritó y comenzó a arañar el traje de Beleg.

El elfo, sorprendido tanto por la apariencia de su enemigo como por el hecho de que parecía de naturaleza anfibia, tardo unos instantes en reaccionar. Pero cuando lo hizo, lo hizo con decisión…


El misterio de la Esfinge, 4

diciembre 29, 2009

Aquel  ¡MIAU! pareció retumbar bajo las aguas como si el mismo Ulmo hubiese pisado, sin querer, la cola a un felino de proporciones gigantescas. Por eso Beleg, Cebadilla y Feadûr no dudaron en abalanzarse como locos tras la Gran Cabeza confiando en que aquello que hubiese gritado de semejante modo no lo encontrase allí.

- ¿Qué es eso? -preguntó, asustado, Cebadilla.

- ¿Quien ha dicho eso? -dijo, a su vez, Feadûr.

- ¿De dónde sale tanta luz y como consigue que se vea tan luminosa entre estas aguas tan pastosas y negras? -musitó Beleg en un rápido susurro élfico que los otros dos marineros percibieron como una especie de siseo veloz parecido a la palabra ninquë.

Mientras los tres heroicos miembros del NQ trataban de sobreponerse la extraña luz comenzó a desplazarse hacia su escondrijo, provocando un sinuoso baile de sombras submarinas a su alrededor. Apretujándose aún más, lo cual es extremadamente complejo con tres equipos completos de buceo y el tamaño de alguien como Cebadilla metido en uno de ellos, de repente Beleg exclamó:

-!Tári Beruthiel! Esa es la mujer representada en esta piedra. Sabía que me sonaba de algo.-

- ¿¿¿Cómo??? -Feadûr y el humano miraron, asombrados, al elfo que pese al peligro acechante y la más que probable captura a la que se verían sometidos centraba su atención en el resto de una escultura a todas luces muy antigua y, por eso mismo, carente de valor (tal puede llegar a ser la ignorancia y la medida de las cosas en unas mentes asustadas o, sencillamente, formadas bajo unos estándares educativos muy endebles, por no decir derruidos).

- Creo que empiezo a entender… -pero las palabras de Beleg se vieron interrumpidas cuando la ominosa luz fijó su atención sobre la Gran Cabeza y aquella voz tan… sibilina… hizo retumbar las aguas una vez más.

- Cual ratoncillos pretendéis esconderos, ¡MIAU!, pero ahora vuestro tiempo se agotó.

En ese instante la piedra que les servia de (infantil) cobijo se elevó por los aires… perdón, por las aguas, al verse levantada por una garra metálica parecida a una grúa mecánica (de hecho, en un análisis más pausado de la situación se vería claramente que, en efecto, la garra era, en realidad, eso, una grúa submarina que salía de una especie de artilugio móvil parecido a un tractor, en cuya cabina de control había un foco de gran potencia. Pero no se le puede pedir a tres asustadas personas que se fijen en estos detalles tan prosaicos cuando su única preocupación pasa por lograr escabullirse del mejor modo posible, como profesores de la UAN ante la llegada de la época de los exámenes). Beleg, Feadûr y Cebadilla, sorprendidos de haberse quedado sin refugio y sin escondite optaron por la técnica de huida conocida como “escapada hobbit avanzada“. Así que, sin perder un segundo, echaron a correr-nadar-gatear cada uno en una dirección distinta gritando por sus respectivos sistemas de transmisión distintas maldiciones.

Sorprendido, al parecer, por la reacción de los “ratoncillos” aquel mecano con grúa no pareció decidirse entre uno u otro y, por un momento, se quedo quieto tratando de iluminar con el foco a los tres escurridizos submarinistas. Al poco, sin embargo, pareció decantarse por el objetivo que le pareció más asequible: el grande, torpe y lento Cebadilla. En un abrir y cerrar de ojos, se dirigió tras él, agitando la garra metálica al tiempo que gritaba ¡comienza la caza!.

Beleg se percató en seguida de que la cosa aquella perseguía al orondo humano y, tras meditar velozmente que hacer, decidió que lo más sensato era seguir huyendo hacia el Alqua Silmaril para tratar de mandar un SOS al NúmenorQuest. Así que, confiando en que Feadûr fuese lo suficientemente sensato, se lanzó tras Cebadilla con la aviesa intención de atacar (¡ja!) por la retaguardia a la extraña máquina que les estaba amenazando.

Feadûr, por su parte, estaba dispuesto a no defraudar las expectativas que se habían puesto en él (sin saberlo), y nadaba a gran velocidad hacía el tubo con la sola intención de llegar al minisubmarino y esconderse en su interior, aunque estuviese inundado e inutilizado para navegar.

Cebadilla, por el contrario, jadeaba sin parar, tratando de avanzar lo más rápido posible por aquella vasta extensión de aguas fecales que le impedían saber, con exactitud, que se encontraría delante. A fin de cuentas era muy consciente de que lo que se encontrase por detrás no sería, en ningún caso, algo bueno. Por eso al sentir aquella luz centrarse en él no pudo reprimir un escalofrío y un cierto espasmo de genuino terror. Al oír el ruido metálico acercarse comenzó a temblar de manera casi incontrolable. Y al notarse elevado de las profundidades marinas por algo que le había tomado por la cintura, ya sólo pudo dejarse llevar con el vano consuelo de que, debido a su grosor, aquella garra tan amenazante no era capaz de cerrarse por completo alrededor de él.

- Quien me lo iba a decir a mi… -suspiró- que la iba a diñar bajo el mar atrapado por un gato. Si se enteran en Bree los paisanos se mueren de risa…

Con ese aciago pensamiento en su cabeza cerró los ojos mientras sentía que la presión sobre su cuerpo aumentaba hasta hacer crujir de un modo bastante alarmante el blindaje  ligero (obra de Vinyatech) que recubría todo el traje de buceo.


El misterio de la Esfinge, 3

diciembre 22, 2009

La Gran Cabeza que está oculta bajo las aguas imperecederas

Arrastrarse a oscuras, a varios cientos de metros de profundidad, rodeado de excrementos y teniendo como única guía el tacto áspero de un tubo semienterrado en el fondo marino no coincide plenamente con la idea paradisíaca que suele asociarse con el buceo. Pero eso es lo que estaban viviendo, en ese preciso instante, los tres miembros de la tripulación del NQ que no habían logrado escaquearse del arbitrario y fácilmente corrompible sistema de turnos de guardia del submarino. Probablemente, Beleg, Cebadilla y Feadûr, habían sido los menos afortunados, es decir los que menos fortuna habían depositado en el bolsillo del encargado de hacer las listas de trabajo, y por eso ahora tenían como horizonte inmediato un montón de elementos cuya mezcla era de un inevitable y opaco color marrón.

Abriendo tan original comitiva, Beleg, Jefe de Buceo, palpaba aquí y allá y contaba en su mente el número de pasos recorridos hasta ese momento “treinta y uno… treinta y dos… treinta y tres…”, con la vana esperanza de que llegasen a algún lugar dónde mejorase la visibilidad o dónde hubiese oxígeno. O ambas cosas. Mejor, ambas cosas.

De repente notó que algo se aferraba a su tobillo y tiraba de él como intentando arrastrarlo a las profundidades. Por puro instinto, el elfo se aferró con las dos manos al tubo mientras invocaba en su auxilio fuerzas sobrenaturales de inusitado poder.

- ¡Mamá, mamá, socorro, un kraken!

Efectivamente, agarrado a su extremidad un tentáculo terminado en una especie de mano rechoncha se adhería con creciente fuerza intentando detenerle en su huida y, según creía él, buscando el modo de llevarlo a las fauces de semejante criatura mítica. Pero aquél tentáculo tenía una serie de peculiaridades que no encajaban del todo con las descripciones del monstruo que habían llegado hasta la Novena Edad. Por ejemplo, no era de color grisaceo sino más bien rojizo. Los “dedos” no terminaban en amenazantes puntas sino que eran más bien redondeados y enfundados en algo negruzco, como el plástico o la goma. Y además, en uno de los costados del tentáculo podía leerse “Manga izquierda”.

- ¡Cebadilla, eres tú! -gritó Beleg por el transmisor de su casco.

- Beleg, cáspita. No nos oías- respondió el humano- Debes tener problemas con las transmisiones, por eso he tenido que darte alcance y agarrarte por dónde buenamente he podido. Feadûr ha visto algo, creo que deberíamos acercanos.

El Jefe de Buceo asintió y retrocedió por el tubo siguiendo al “kraken-que-era-un-hombre” hasta que encontraron al joven estudiante señalando un lugar a varios metros del tubo.

- Me ha parecido ver una figura por allí -explicó- pero con tanta suciedad no estoy del todo seguro.

- Vamos a comprobarlo -decidió Beleg- pero manteneos juntos y a la mínima amenaza aplicamos el protocolo “Tonto el último”.

Aferrándose a las linternas como si fuesen armas de destrucción masiva portátiles, los tres aguerridos exploradores marítimos dejaron atrás “el tubo” sin tener muy claro si estaba comportándose como héroes o como idiotas (en lo que era una sensación muy típica en el NQ, por otra parte). A los pocos pasos, surgiendo entre las turbias aguas, comenzó a dibujarse una creciente oscuridad de tamaño portentoso, que parecía desplegar unas negras alas que se extendían a ambos lados.

Cebadilla, cayó al suelo de rodillas, intentando mesarse las barbas (que no tenía) a través de su casco mientras gemía:

- ¡El Daño de Durin!¡El Daño de Durin!

- Cebadilla… -dijo Beleg.

- ¡Qué será de nosotros!

- Cebadilla… -insistió el elfo.

- ¡Los Valar nos protejan!

¡Plas, plas, plas! o, como suenan bajo el agua tres sonoros bofetones propinados por un elfo a un humano quejumbroso y asustado, ¡Plasf, plasf, plasf!

- A ver si nos enteramos, Cebadilla. Eso de ahí delante -dijo Beleg señalando a la ominosa sombra- no es un balrog.

- ¡Pero si tiene alas! -replicó el hombretón-

- Ya estamos… -dijo para sus adentro el Jefe de Buceo- no es un balrog…

- Porque, de hecho, es una enorme cabeza de piedra -añadió, desde lejos, el joven Feadûr, iluminando lo que, en efecto, había dejado de ser una sombra ominosa y se había tornado en algo pétreo e inmóvil.

Superando sus miedos y recuperando una cierta dignidad, Cebadilla se levantó, y se acercó a la Gran Cabeza seguido por Beleg, examinando los maravillosos rasgos de aquella figura. Los rasgos que habían sido plasmados en la roca parecían los de una mujer por lo carnoso de los labios, las orejas pequeñas y los ojos remarcados por lo que parecía una larga sombra de ojos.

- ¿No será una cosa natural? Una piedra que recuerda a una cabeza, por ejemplo, tallada aleatoriamente por siglos y siglos de exposición a fuertes corrientes submarinas -aventuró Feadûr.

- ¿Cómo diantres puedes decir algo así? -preguntó con cierta sorna Beleg- Aquí ha actuado una fuerza inteligente obviamente.

- Pues una vez en el comedor del NumenorQuest yo me encontré una papa frita con la forma de la cabeza del Capitán Amandil -dijo Cebadilla mientras tocaba suavemente el lugar dónde debió haber una nariz- Era una patata muy grande.

- Insisto, esto está hecho por alguien… y la cosa es que estos rasgos me son familiares. Creo que en alguno de mis múltiples viajes a lo largo de mi inmortal existencia he visto a alguien parecido… pero no consigo recordar a quien…

En ese momento, un estruendo (que bajo las aguas sonó como un gran ¡BLOP! pero que en la superficie habría bastado para asustar al más pintado de los enanos) interrumpió la discusión sobre la naturaleza de la Gran Cabeza. Una fuerte luz disipó en un instante la negrura de la polución y pareció centrarse en los tres marinos. Deslumbrados como estaban no eran capaces de vislumbrar qué o quien provocaba semejante resplandor. Entonces sonó una sibilina voz:

- Malditos entrometidos… nadie interrumpe los planes de la Señora… ¡MIAU!


El misterio de la Esfinge, 2

diciembre 21, 2009

El minisubmarino de exploración Alqua Silmaril Uno (conocido popularmente como el Alqua o la patata propulsada) se alejaba poco a poco de la gran mole grisácea y un tanto ominosa que era el NúmenorQuest. La turbieza de las aguas se había ido acentuando a medida que se acercaban al punto dónde esperaban encontrar el foco de contaminación submarina. Cuando los sensores del NQ comenzaron a indicar que era demasiado aventurado seguir adelante a riesgo de sufrir algún accidente, el Capitán Amandil decidió que era el momento de que los riesgos fuesen asumidos por el Alqua.

Y por eso, en ese preciso instante, Feadûr, Cebadilla y Beleg se encontraban a medio camino del punto de contacto con la mancha o Lad Helë, como ya le llamaban algunos: el Valle Negro.

- Por favor, Beleg, repíteme para qué estamos aquí -dijo por enésima vez la figura [redonda] enfundada en un traje de submarinista que respondía al nombre de Cebadilla -¿no se supone que el NQ es un submarino científico preparado para horadar y desentrañar los misterios que oculta el Belegaer?

- Pues eso mismo, Cebadilla -repitió también por enésima vez el Jefe de Buceo Beleg- vamos a desentrañar un misterio submarino.

- Pero no un misterio mítico o histórico. Ni siquiera cosmogónico. Y mucho menos mitológico… ¡vamos en pos de una mancha de restos de mumakil! -se quejó el técnico marisquero.

- Tanto da el grado de profundidad intelectual que le quieras dar a la misión, Cebadilla -expuso Beleg-, la cuestión es que estamos aquí para descubrir quien o qué está contaminando el mar y punto.

- No lo entiendo- interrumpió súbitamente el estudiante Feadûr.

-¿Qué no entiendes tu ahora?¿La problemática ecológica en que estamos envueltos?¿O quizá el conflicto mitológico que se plantea Cebadilla como parte de la existencia del NQ? -dijo con cierta sorna el Jefe de Buceo.

- No, que digo que no entiendo todos estos bips, estas luces y estas señales rojas que han aparecido de repente en medio de la pantalla -respondió Feadûr al tiempo que se encogía de hombros.

Beleg clavó su intensa mirada azul en la citada pantalla y, efectivamente, en clarísimos caracteres tengwar podía leerse “¡Alerta, peligro, enemigos!”. La típica señal de aviso con estilo hobbit, inconfundible señal de que el NúmenorQuest estaba siendo colonizado por medianos hasta en sus más íntimas formulaciones técnicas.

-¿Qué diantres pasa ahora? -preguntaron al unísono Beleg y Cebadilla mientras comenzaron a manipular algunos botones aquí y allá.

- El indice de contaminación del agua se está elevando de manera exponencial -dijo de repente la metálica voz de Eöl9000-, y la visibilidad “normal” se está viendo seriamente afectada, por lo que aumenta el riesgo de colisión. Sugiero pasar a visión por infrarrojos y utilizar el sonar de proximidad.

- Eso nos dejará completamente en tus manos, Eöl -dijo Beleg.

- Lo sé. -replicó el supercomputador- Te aseguro que lo se

- ¡Pues con eso me basta! -dijo Cebadilla, y en menos tiempo de lo que Gollum tarda en decir “Mi Tessssoroooo“, el ágil hombretón procedió a desconectar los controles autónomos del ordenador por el efectivo método de tropezarse, caer sobre el cuadro de mandos, apretar con el culo todos los botones posibles, derribar a Feadûr y terminar panza arriba agitando brazos y piernas como una tortuga patosa.

-¡Ffferfffecto! -exclamó una vocecilla aplastada en el fondo del minisbumarino y bajo ciento veinte kilos de marinero- ¡Fafora todof lof fiftemaf eftán en eftado manualf!

- Lo que significa que estamos navegando… -un sonoro ¡CLONG! y una agitación salvaje del Alqua interrumpieron drasticamente a Beleg por unos instantes-… al tún tún. Y al parecer hemos chocado con algo.

- Pues.. habrá.. que.. salir.. fuera… -resopló Cebadilla mientras lograba incorporarse gracias a la ayuda que Feadûr le proporcionaba desde debajo de su inmenso cuerpo.

El Jefe de Buceo pareció calibrar la posibilidades que se abrían ante ellos. Si se quedaban sin más en el Alqua poco podrían hacer salvo esperar que se agotase el oxígeno, ya que sin la ayuda del ordenador de abordo (desconectado y aplastado era poco probable que estuviese en condiciones de cooperar) no se podía salir de aquél ponzoñoso lugar. Pero si optaban por salir fuera, dependerían en exclusiva de su habilidad y eso era algo de lo que no andaban muy sobrados. Beleg hubiese seguido pensando y maquinando un buen rato de no ser porque empezó a notar un extraño frío que le subía por los pies hacia las rodillas. Cuando abrió los ojos y miró hacia abajo el oscuro agua ya le llegaba a la cintura.

-¡Hay que salir de aquí! -ordenó mientras buscaba a sus dos compañeros, que al parecer se habían adelantado a su orden y ya estaban saliendo por la escotilla hacia el exterior- ¡Seréis mastuerzos!

A los pocos segundos los tres estaban fuera del minisubmarino, sujetándose de un modo u otro a algunos de los agarraderos de que disponía el Alqua y tratando de ver algo entre las corrientes marinas y la negrura que parecía espesarse por momentos. Por el transmisor del casco Feadûr decía:

- Con lo que hemos chocado está por aquí debajo… y la corriente más fuerte parece venir de allí… estoy intentando llegar sin soltarme del Alqua… ¡no veo nada!… un momento… creo que toco algo… como un tubo… es metálico… y de su interior sale un buen chorro de algo oscuro… ¡puagh!… es mierda…

- Pues entonces sea lo que sea, viene de ahí -respondió Cebadilla- Quizá, si seguimos el tubo hasta su origen sepamos que está pasando por aquí… y siempre podemos volver al Alqua usando el tubo como guía.

- Esta bien. -atajó Beleg- Pero vayamos con cuidado. Sólo tenemos aire para cuatro horas, y no sabemos dónde puede terminar todo esto.

De ese modo, envueltos en una oscuridad pastosa, escurridiza y pegajosa, los tres marineros, enfundados en sus trajes especiales y con más agallas que sesera, se adentraron en la creciente mancha de polución usando aquel tubo como su única guía.


El misterio de la Esfinge, 1.

diciembre 19, 2009

Alqua Silmaril 1 imaginado

Comenzaba otro día rutinario en la Sala de Control de Misiones para Altaralmaldil, Ingeniero de Buceo. Desde allí controlaba todo lo que sucedía con los minisubmarinos que eran las manos del NúmenorQuest en las procelosas aguas del Belegaer. Según el Plan de Acciones del Día, hoy el submarino se dirigiría a las llamadas “aguas oscuras”, cien millas al sur de dónde se probó, mucho tiempo atrás, el Alqua Silmaril por vez primera, con intención de investigar una creciente mancha de polución submarina.

El Ingeniero de Buceo, o I.B., como le llamaba la mayor parte de la tripulación ante la dificultad manifiesta que suponía pronunciar Altaralmaldil sin trabar la lengua dos o tres veces, comprobó una vez más que todo estuviera en orden en los indicadores que parpadeaban en las diversas pantallas de la sala.

Con voz monótona, sin vida, casi robótica, I.B. repetía la letanía de todos los días, que era respondida por una auténtica voz sin vida (biológica, al menos) y robótica, la del supercomputador con tendencias narcisistas y homicidas, Eöl9000:

- Sistemas de soporte vital del Alqua -decía el Altarmaldi… Altmaldiri…Altamardir… I.B.

- Correctos -respondía Eöl9000 con un deje tenebroso en su metálica voz.

- Reservas de oxigeno.

- Comprobadas y al 100% de su capacidad.

- Sistemas energéticos principales y secundarios.

- Operativos.

- Sistemas de propulsión.

- Sin fallos apreciables.

- Pues ya está todo -I.B. anotó unas cosas en los papeles de anotar cosas y fijó su atención en la pantalla dónde se veía a los marineros que tenían que hacerse cargo hoy del minisubmarino Alqua Silmaril Uno. Según el cuadrante de Voluntarios a la Fuerza hoy tocaba el equipo especial compuesto por Cebadilla (técnico científico experto en marisco), el estudiante en prácticas Feadûr y como jefe de misión, Beleg, el Jefe de Buceo y reconocido experto en inmersiones de riesgo variable (variaba en función de la calidad del material, del estado mental de la tripulación y de los ataques de nervios del propio Beleg).

Los tres, con  mejor o peor suerte, terminaban de colocarse los trajes de buceo especialmente diseñados para entornos hostiles medioambientalmente hablando. En otras palabras, estaban hechos de una especie de látex ceñido con un montón de tubos, bombonas y unas gafas, además de un nutrido grupo de indicaciones en colores fosforitos con mensajes como “esto es una manga, no una pernera“, “salida del oxigeno NO del miruvor” o “por nada del mundo apretar ESTE botón rojo“.

“A ver que tal se les da la misión” pensó I.B. “porque somo volvamos a meter la pata el Capitán nos cuelga del palo mayor… aunque no haya palo mayor en el NQ”.


Star Ducks Café

diciembre 15, 2009

Una de las múltiples cafeterías del NQ con vistas a las inmensidades oceánicas

-No acabo de entender porqué hay que aumentar el número de cafeterías en el NQ- se preguntaba el capitán Amandil- habida cuenta de que la mayor parte de los marineros tienen en sus camarotes verdaderas destilerías ilegales de licor de patatas.

-Bueno- respondía, taciturno, el profesor Adanost, en su papel de Cocinero Jefe- en algún sitio tendrán que juntarse a tomar café de manera civilizada y social. No todo pueden ser reuniones clandestinas, así ¿cómo vamos a obtener beneficios con el impuesto sobre el juego?

- ¿Tenemos ese impuesto en el NQ? De hecho, ¿tenemos impuestos de algún tipo?

- Por supuesto, capitán -respondió Adanost-, de algún modo hay que financiar todo este tinglado.

- ¿Y la UAN y la AEIOU? -preguntó con cierto horror en la mirada, Amandil.

- No nos llega sólo con eso.

- ¿Seguro?

- Tan seguro como que Arda es lenticular -sentenció el Cocinero Jefe.

- Pues mal vamos…- el numenoreano se llevó una mano a la barbilla en el gesto universal de aparentar pensar profundamente.

- De ahí el proyecto de aumentar el número de cafeterías disponibles. He calculado que si abrimos una en cada sección del submarino podremos recaudar suficiente dinero como para no depender de as subvenciones externas nunca más. – en los ojos de Adanost parecía haberse formado el símbolo del numenoreano de oro, la moneda de curso legal en Nueva Númenor- Estamos hablando de ingresos millonarios que saldrían de la propia tripulación, por lo que, en realidad, los sueldos que se les paguen volverán a las arcas del NQ al poco tiempo como impuestos indirectos. ¡Es genial!

Pese a todo Amandil aún dudaba, ¿era lícita esa maniobra financiera tan propia de los enanos banqueros del Banco Erebor?¿No existía un elevado riesgo de amotinamiento (otro riesgo más, realmente)?¿Era cierto que con el dinero que mensualmente inyectaba la UAN y la AEIOU no se cubrían los gastos? Y, por Eru ¿cuantas cafeterías habría que instalar para que hubiese una en cada sección? El Capitán echo cuentas mentalmente… y al poco decidió que lo mejor sería hacer las cuentas en un papel, sentado en una mesa y con una calculadora a mano. Desde luego el cálculo mental no era su fuerte.

- Veamos… si en el NQ hay ciento doce secciones…

- Que sepamos -puntualizó Adanost.

- Sí, eso, que sepamos -prosiguió Amandil resignado ante la idea de que por alguna extraña combinación del diseño, la acción de Eöl 9000 y las fuerzas telúricas que parecían operar desatadas en el NQ, parecía existir un auténtico entramado espacio-temporal particular en el submarino que, según algunos, llegaba a extenderse por una cantidad infinita de universos paralelos-, entonces tendríamos que instalar ciento doce cafeterías…

- Supervisadas desde la Cocina Central -añadió rapidamente el Cocinero Jefe.

- Supervis… ¡un momento! – el Capitán frunció el ceño y levantó la cabeza mirando a Adanost- eso suena a que está usted pergeñando algún tipo de jugarreta relacionada con dinero, comisiones y cosas por el estilo, ¿me equivoco?

Adanost agachó la cabeza y, según el ángulo con que se mirase, pareció sonrojarse un poco.

- Bueno… este… había pensado en que el mejor sistema de explotación podría ser por medio de franquicias…

- ¿Franquicias?

- Bueno, ya sabe, Capitán- ¿No ha oído hablar de la cadena Star Ducks Café? La del Pato. Esa que tiene unos cafés excelentes y muy caros.

- No me suena -respondió Amandil.

- Que extraño, la UAN está llena de ellas. Hay una en cada campus, en cada facultad, en cada departamento, de hecho casi en cada pasillo. Son las preferidas de los universitarios y la gente “guapa” -Adanost parecía cobrar forma de númenoreano de oro por momentos…- Pues resulta que, por casualidad, adquirí los derechos de Star Ducks Café para plataformas marítimas, embarcaciones de superficie y otros elementos marinos. Así que, ¡qué coincidencia!, podría encargarme yo mismo de gestionar la instalación de las ciento doce cafeterías…

- Y cobrar…

- Una mínima comisión por cada una de ellas… nada importante… algo simbólico… ya sabe, por aquello del que dirán.

El Capitán Amandil, se levantó, dejó atrás la mesa con las hojas y los cálculos. Se apartó del Cocinero mientras cabilaba algo y entrecerraba los ojos. Recordaba lo que le dijo su padre cuando comenzó con toda esta historia del NúmenorQuest… “Tendrás que hacer sacrificios insospechados, tomar decisiones, equivocarte. Pero ten siempre ante ti dos objetivos: el proyecto tiene que salir adelante como sea y nunca pierdas la dignidad en ello”.

Star Ducks Café saltaba ahora delante suyo. Traía dinero, liquidez, futuro en una mano. Pero en la otra llevaba consigo dependencia, mercantilismo y una especie de servilismo. ¿Merecía la pena dar entrada a algo así en el mundo del NQ?¿Serviría para salvar el proyecto? Amandil clavó la mirada en Adanost. Le conocía desde hacía años y siempre le había inspirado una confianza completa, pero habiendo dinero de por medio ¿sería de fiar? Desde luego sin el Cocinero Jefe las Cocinas se habrían convertido en una especie de Mordor con guarnición al poco tiempo. Había que reconocer que las cuentas estaban en números rojos y era necesaria una inyección de dinero… y bien podía valer que ese dinero estuviese manchado de “café“.

- Bueno… creo que no perdemos nada por intentarlo -terminó por decir el Capitán- pero prométame que la cosa será comedida y que no nos supondrá nuevos problemas, ¿de acuerdo?

-¡De acuerdo!- Adanost, lleno de una especie de alegría incontrolable, no pudo evitar abrazar con todas sus fuerzas a Amandil mientras gritaba- ¡Dame un dol, merry dol!


La Puerta 75

diciembre 11, 2009

La temida Puerta 75

Thorin Barbaestropajo se mesaba las barbas una y otra vez mientras miraba fijamente la puerta blindada  que había delante de él. Impreso en negros caracteres el número 75 indicaba que aquél mamparo de Mithril era el acceso a la última de las bolsas de resistencia hobbitico-canibal del NQ. Alguien, con sumo malgusto y mucha mala baba, había escrito bajo los número con pintura roja, simulando la sangre (o eso esperaba Thorin) la frase “Al otro lado sólo hay dolor”. Y alguien, con mucha peor baba y mucha más gracia había añadido en rosa “Y rosquillas”.

El enano comprobó nuevamente su equipo. Una armadura completa de kevlar y cota de malla de anilla pequeña y doble trenzado le cubría desde el cuello hasta los tobillos. Guantes de titanio con pinchos en los nudillos. Hombreras de Mitrhil con cuchillas afiladas y tratadas con aliento de dragón. Botas de cuerno de Mumakil. Casco de plata élfica con refuerzos de colmillo de Balrog.

El blindaje parecía correcto.

El equipo de comunicaciones de combate y supervivencia de Vinyatech parecía funcionar también. Tenía audio y video conectados con la Sala de Guerra del NQ. El detector de movimiento, de olor a pastelillos y de saturación capilar de pies también estaba activado. Y las armas estaban en su sitio. El lanzallamas, el lanza-dardos envenenados, las granadas de fragmentación, las granadas de “diversión” (llenas de pequeños bollitos de semillas que atraían hacia si a cientos de “ellos” antes de estallar), el hacha de doble filo de su padre y la maza Aplastaescrotos de su madre.

Estaba todo.

Barbaestropajo se meso las barbas una vez más. Se colocó el casco. Encendió la llama de su lanzallamas y dijo por su intercomunicador:

- Corazoncito 12 en posición frente a Puerta 75. Listo para entrar. – “Corazoncito”, pensó Thorin “¿pero quien diablos pone estos nombres?” La respuesta le llegó casi de inmediato por el canal de audio.

- Corazoncito, aquí mando de Operaciones, al habla Lily Espunkmeller, su elfa de enlace. Entre cuando quiera y deles duro. Y si ve algún recuerdo me lo trae, que me gustaría tener algo de esa parte del NQ tan, tan, tan salvaje. Suerte, guapo. – La voz dulce y melosa de la elfa era justo lo mejor para insuflar en el guerrero el animo bélico anterior a la batalla…

Thorin no se mesó las barbas pero lo hubiera hecho de haber podido. Fijó su mirada en la puerta blindada y esperó. A los pocos segundos escuchó el ruido de la descomprensión de los mecanismos de contención y el crujido de los sellos metálicos que se abrían. La Puerta 75 comenzó a abrirse lentamente. Al otro lado sólo había oscuridad.

Barbaestropajo activó los sensores y encendió los cuatro potentes reflectores que colgaban de su armadura. Respiró hondo y dio un paso hacia delante.

- Malditos hobbits. Malditos elfos. Maldito submarino…

La figura del enano se internó en la oscuridad y tras él se cerró la Puerta 75 una vez más.


¡Únete ya mismo!

febrero 24, 2009

Algo de humedad

Poner a flote un submarino que se empeña en no flotar es, cuando menos, una tarea titánica y muy costosa. No sólo por las vías de agua incontroladas en las bodegas, ni tampoco por la numerosa (aunque controlada) plaga de hobbits-canívales que aún perduran más allá de la Puerta 75. Sino porque es extremadamente dificil encontrar voluntariosos tripulantes que accedan a unirse a un plantel que se caracteriza por su alto nivel de volatilidad (en todos los sentidos).

¿Cómo convencer a un joven grumete cuando el más veterano lobo de mar apenas lleva embarcado unos meses?¿Y como atraer a un científico de postín y reconocido (o no) prestigio a una embarcación cuyos laboratorios han sido convertidos, con el paso del tiempo, en casinos y casas de masajes de pies peludos?

Eso sí, hay trabajo para aburrir y la diversión está garantizada. Fíjense en el caballero de la foto. Ahí está, nadando un poco para relajarse en uno de las maravillosos pasillos-piscina de la zona de bio-laboratorios. Admiren esa brazada, ese estilo, esa saber estar ¿no les da envidia?¿De verdad no les corroe una extraña sensación por su interior? Pero ustedes ¿de qué pasta están hechos?

Venga, aventúrense en el Númenor Quest de una vez por todas y demuestren de lo que son capaces. A la derecha tienen el enlace que les llevará a la que será, sin duda alguna, la experiencia de sus vidas.


Qué somos

diciembre 29, 2008

NQ para niñosPara mucha gente que desconoce el proceloso mundo de los submarinos de alta tecnología y bajas prestaciones, es díficil comprender porque siempre es rentable para la sociedad invertir en investigación. En las cosas de la mar no suele haber grandes resultados, ni espectaculares hallazgos. Ya no hay tesoros en el Belegaer, ni tampoco oscuras criaturas que descubrir. Todo eso ha quedado reducido a las obritas de ficción que leen los niños de aquí y allá. La Razón ha desplazado a la Imaginación.

El NumenorQuest es, por lo tanto, una herramienta de que se ha dotado la Universidad Autónoma de Númenor para desmontar mitos, descubrir engaños y poner en práctica cientos de experimentos que darán cuantiosos beneficios tanto a la sociedad como a la universidad. No hay sitio para le épica ni la poesía. No hay lugar para la aventura y el romance. Se trata de matemáticas, física, ingeniería, etc. ¡O eso nos quieren hacer creer algunos!

El Proyecto NQ es mucho más que una ecuación o un paquebote. Y lo vamos a demostrar.


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